—¡Escuché que alguien de aspecto llamativo me buscaba! ¡Jamás pensé que fuera usted, su majestad!
Volviéndose a ver a la mujer de unos treinta años de edad, de ojos y cabellos negros, poseía una figura elegante y reservada, dirigiendo una sonrisa liviana, expreso su alegría de volver a verla.
—¡Me alegra volver a verte, Nana! ¿Me sorprende que me reconozcas después de tantos años?
—¡Cómo no reconocerte, fui yo quien te crío! Has crecido y madurado, pero sigues siendo el mismo.
Al escuchar sus pa