El camino a casa fue lento.
Mis pies me llevaron como siempre, pasando por los mismos árboles, pasando por las mismas perillas, pasando por la misma buzón rota y la luz parpadeante. Pero ahora algo era diferente. Algo había cambiado.
La cara de Theo seguía apareciendo en mi mente. La forma en que había mirado a ese hombre que llevaba su hija. La forma en que se había detenido en el cruce de zebras... Su pequeña mano estaba inmóvil en la mía; sus ojos estaban fijos en algo que no tenía.
Pensé en