Liam
—Si la hubieras visto, colega, tal vez me entendieras—digo dando un sorbo a mi café.
—Ya, estás obsesionado con ese coño. Lo entiendo —dice Owen con expresión divertida.
—Tal vez —le sigo el juego y él niega con la cabeza—. Pero ella me ha mandado a la mierda. Dice que no repite polvos, pero... ¡Dios!, ¡qué mujer!
Paso mis manos por mi rostro. Tratando de borrar el recuerdo de la hermosa rubia que me montaba como si no hubiera un mañana hace unas cuantas noches atrás. He quedado prendado y