Camino en silencio por el quicio. Nadie dice nada. Es un silencio cómodo.
—¿Cómo sigues Luke? —trato de sacar una conversación, falta poco para llegar al local.
—¡Mejor! no me duele tanto las costilla —dice pasando su mano por el costado.
—Si necesitas algo no dudes en decírmelo.
Entramos al local y nos sentamos en la primera mesa que vimos.
—¿Cómo esta tus padres? —pregunta
—¡Bien! —me limito a decir
—¿Te ha gustado el lugar? —lo miro—o sea, que ya no es el mismo Detroit de haces años atrás.