Un alivio repentino se instaló en el corazón de Chantal, dentro de todo el torbellino de desgracias que la aquejaban, la determinación de su madre la hacían retomar sus fuerzas. Sentía las lágrimas de Clarisse como la tinta que firmaba sus promesas, y el agua que limpiaba toda la impureza que sentía dentro.
—Ya lo hago, madre —la abrazó—, ya estoy orgullosa de ti. Te perdono.
—Gracias, Chanty, verás que todo saldrá bien, cariño.
Ella asintió poco convencida entre sus brazos, sabía que se les a