Capítulo 18. Un deseo incontrolable
Isabella
Sabía que algo no estaba bien, ¿Por qué ahora estaba bastante pálido? ¿Realmente era el dolor de cabeza que decía tener? Me crucé de brazos y suspiré.
—Vamos, habibati, vamos a casa. —insistió. Entramos al elevador, nos dirigimos al lobby y el auto ya esperaba por nosotros en la entrada principal, ya no me importó que alguien nos viese juntos, incluso él lo notó y al salir por las puertas de cristal que daban a la calle, tomó mi mano, la elevó a sus labios y dejó un beso en mis nudill