ALASKA
Abro la puerta de mi apartamento invitándolo a ingresar cuando enciendo la luz que está cerca al marco de la entrada. Los nervios me acompañan como también una extraña sensación de calor al saber que está aquí conmigo.
Cierro cuando da dos pasos adentrándose a mi espacio personal y desvío la mirada de su culo cuando me da la espalda.
—¿Quieres tomar algo?
Le ofrezco dejando mi bolsa sobre el sillón grande.
—Wiski esta bien—acepta.
—Siéntate.
Voy a la licorera, por suerte tengo lo que