—¿Qué yo qué? —exclamó con una expresión de incredulidad que resultó divertidísima para Eirfeen.
La risa de Eirfeen salió irremediablemente y en ese momento ella se debatió en pensar si estaba hablando en serio aquel hombre o solo estaba bromeando. Por fortuna, este después de calmar su risa se propuso a explicarle bien en qué consistía su extraña petición.
—Mi padre últimamente está empecinado en que debo casarme, tanto que estoy muy seguro que él mismo me hará