Capítulo 65. Verdades y conflictos.
La respuesta aguda de Amelia dejó a todos los presentes boquiabiertos, mientras don Aurelio recuperaba la compostura y se enderezaba, claramente enfadado. Alejandro, sin embargo, seguía paralizado en el umbral de la sala, incapaz de apartar la mirada de su esposa.
Cada palabra de Amelia había resonado profundamente en su pecho, como si fueran golpes que lo despertaban de un sueño largo y confuso.
Romaira, que se encontraba cerca de don Aurelio, palideció y se paró en frente de Amelia.
—¡Esto e