Hay un lugar que quiero enseñarte. ¿Te apetece que te lleve? —preguntó Brent, arqueando las cejas a regañadientes.
—No, gracias. —Tiffany fingió una sonrisa obvia—. Vamos, no voy a conducir como anoche.
—Lo sé, ¿verdad? Gracias.
Brent rió entre dientes y se incorporó, acortando la distancia entre ellos.
El corazón de Tiffany dio un vuelco al observar sus pasos calculados. Sus ojos vagaron por todas partes menos por su rostro, obviamente evitando su mirada.
—Sabes que estoy siendo amable ahora m