131. Desnúdate para nosotros, hermana.
PUNTO DE VISTA DE SIENNA**
Temblaba de puro y perverso deseo cuando llegué a la puerta de la casa parroquial la noche siguiente.
La iglesia me había parecido demasiado pública, demasiado arriesgada. Pero aquí, en los aposentos privados del padre Lucian, detrás de la sacristía, no había velas vigilando, ni crucifijos amenazantes. Solo una pesada puerta de madera, un pasillo tenuemente iluminado y la promesa de ser completamente usada.
Abrió la puerta antes de que pudiera llamar.
El padre Lucian