Justo en ese momento, cuando los dos estaban confundidos, alguien saltó desde una rama en la distancia. El tipo llevaba una túnica de dibujo de serpiente y se veía apuesto, aunque en sus ojos había una mirada dura y despiadada. Al aterrizar, les dijo con voz fuerte:
—¡Estos dos son míos! Ustedes pueden largarse.
Al escuchar eso, los dos hombres se quedaron en shock, reaccionando de inmediato. El hombre de la camisa amarilla frunció el ceño y murmuró:
—Es... ¡Brahim Montecristo!
Al pronunciar e