La persona más gravemente herida por fin pudo ser retirada de la arena de combate. Sus compañeros que estaban cerca corrieron hacia él, lo levantaron con cuidado y le metieron en la boca las pastillas que ya tenían preparadas.
Su estado no parecía nada bueno. Aunque los gritos de sus compañeros llamándolo por su nombre y pidiéndole que despertara llenaban el aire, él no reaccionaba en lo más mínimo. Sus ojos estaban cerrados con fuerza.
Al intentar darle la medicina, tuvieron que abrirle la bo