—¡Este joven va a morir! —murmuró Léster.
Justo en ese momento, Tinguaro cerró los ojos, soltó su espada y, concentrando su energía interna en sus piernas, se movió a una velocidad impresionante, apartándose de manera rápida.
En ese instante, "¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!" Las siete plumas de llamas moradas que volaron hacia él, tres de ellas se clavaron en el propio cuerpo de la bestia de Plumas Púrpuras. Aunque las plumas se habían desprendido del cuerpo de la bestia, esa aún mantenía cierto control sob