Él percibió el temor de las personas a su alrededor, lo que le pareció un gran honor.
Los débiles solo temían a los guerreros poderosos, y el hecho de que lo temieran significaba que él era lo suficientemente fuerte. Canuto giró la cabeza y, con orgullo, miró a Fane.
Al notar la mirada de Canuto, Fane no pudo evitar hacer una mueca. Ese tipo no tenía ni idea de lo que pasaba. La razón por la que lo recordaban no era por su gran fuerza, sino porque era un verdadero incordio; en todo el continen