—¡Que te den!
Benedicto estaba tan enfadado que casi quería saltar:
—Maldito, ¿qué demonios estás diciendo? ¡Los que deberían arrodillarse son ustedes!
Benedicto sentía que iba a enloquecer de rabia. Miró a Fane con una expresión de súplica, esperando que interviniera a tiempo. Pero Fane permanecía impasible, sin mover un músculo.
Benedicto frunció los labios, preocupado de que si Celestino no recibía ayuda pronto, perdería y la situación se volvería aún más embarazosa. Celestino ya estaba heri