Fane suspiró con resignación. Si ambos hubieran luchado juntos, la batalla habría sido interesante. Pero esos dos tipos eran demasiado arrogantes, atreviéndose a actuar solos en la pelea. Matarlos sería tan fácil como cortar sandías, sin ningún desafío.
Ismael y Damián se quedaron estupefactos, sus cuerpos tensos, con los ojos abiertos como platos y los labios temblando. Observaban a los dos hombres retorciéndose en el suelo, sin saber cómo reaccionar ante lo que veían. Estaban tan impactados po