En ese momento, Iker ya no podía escuchar las discusiones a su alrededor, porque solo le quedaba el miedo. Mirando la expresión serena de Fane, sus manos no dejaban de temblar, sintiéndose al borde del desmayo en cualquier momento. No se atrevía a volver a ayudar a Bruno. Se puso de pie lentamente, mirando a Fane con cautela. Sintió un cosquilleo en la garganta y tosió dos veces, reuniendo valor para decir:
—Fane, ¿estabas fingiendo todo eso antes para confundirnos?
Al escuchar eso, Fane no pud