Fiona sintió que todo era un sueño. Después de todo, cuatro Dioses de la Guerra asistieron al banquete de su hija y les dieron sus bendiciones a Fane y a ella.
Fue entonces cuando Fiona supo que la afirmación de Fane de que conmocionaría a la ciudad no era una promesa vacía; sino que la cumplió. Les había tocado una mano ridículamente afortunada, y la presencia de los cuatro Dioses de la Guerra superó con creces lo que cualquiera pudiera imaginar.
¡Pam!
En medio de la emoción de ella, se e