Cuando el decano Fernández mencionó que esta selección de aprendices era diferente, solo los dos no mostraron grandes cambios en sus expresiones. Parecían tener todo bajo control, lo cual no tranquilizaba al mayordomo segundo.
Entre los líderes más fuertes, solo el mayordomo segundo no había recibido ninguna información, lo que naturalmente le causaba gran preocupación.
Fane levantó una ceja y, después de exhalar, dijo:
—Lo que tenga que suceder, sucederá. Ya sea una bendición o una desgracia,