Los rostros de los siete discípulos del Pabellón Calavera estaban tan negros como el carbón. Fane miró sin palabras a Frank y se preguntó si le faltaba un tornillo en la cabeza. Parecía como si estuviera dispuesto a ofender a cualquiera con tal de poder presumir de su valentía.
Edric puso inmediatamente la mano en el hombro de Frank y le susurró: "¿Acaso te volviste loco? Son siete y mira lo que llevan puesto. ¡Todos son del Pabellón Calavera! Mientras que nosotros, los cinco somos de diferente