17. OTO, HABLA.
—Ya, veo que todavía no han hablado —dice Enril de pronto y cambia de tema para no decirle. — ¿Cómo te sientes?
—Mejor, aunque me duele mucho todo mi cuerpo —respondió Gil aún un poco temerosa y sin poder creer que ese extraño en verdad fuera hermano de su lobo.
Enril dejó de observarla ante la mirada roja que le dedicó Oto, y se puso a sacar de la cesta todo lo que había llevado y acomodarlo en la mesa que existía en una esquina ante la mirada de Gil, que no se movía de su lugar sentada en la