La mujer me miró enfadada y de arriba abajo como si yo fuera una especie de bicho raro mientras que Gerald tenía cara de enfado y miedo.
La última vez que me cabreó tanto termino boca abajo en el suelo con un ojo morado.
Podría permitir que me pasaran tantas mujeres como quisiera o que me dijera cosas hirientes, pero nunca permitiría que una mujer tan estúpida tratara mal a Nana.
—¿Quién diablos eres tú? Pareces loca y hablas como si fueras la dueña de la casa —me mira burlona y se ríe— oriénta