—Solo digo que ella sufrió mucho porque para su madre tú eras su favorita, por cómo eras y solo porque querías ser maestra.
—Eso no fue mi culpa, madre.
—Lo sé, lo sé, eso lo tengo muy claro y tú lo sabes mejor que nadie —aclaró poniéndose de pie lo antes posible, acercándose a mí con los brazos abiertos, sin embargo di un paso atrás—. Solo digo que Erika no tenía a nadie más que a mí...
No estaba segura si eran las hormonas del embarazo o mis emociones por la actitud considerada de mi madre