Capítulo 38. A veces no se puede evitar a la familia.
Al escuchar las duras palabras de los hermanos de Simón, Henry y Johnny, que estaban sentados uno a cada lado de Madison, se levantaron de sus asientos para encararlos. La joven se levantó y puso las manos sobre los brazos de sus amigos para aplacarlos. Después dio un paso adelante y los apuntó con el dedo.
―En primer lugar, no soy la mujercita, soy la esposa de Simón, así que me trataran con el debido respeto. En segundo lugar, de haberme enterado de la amenaza de Los Zetas hubiese permanecido