POV de Elara
Dormí hasta las diez de la mañana siguiente, que fue lo máximo que había dormido en más de una semana. La casa estaba en silencio cuando bajé las escaleras. Mamá estaba frente a la estufa preparando huevos y el radio tocaba algo suave de fondo y, por un momento desorientador, todo se sintió completamente normal. Como si nada de aquello hubiera pasado. Como si acabara de despertarme tarde un sábado y el mayor problema en la habitación fuera si teníamos suficiente pan para tostadas.