216 - Quiero sus cabezas.
El aire nocturno estaba cargado de una tranquilidad inusual en la oficina de Jazmín Belmont. Sentada detrás de su amplio escritorio, su presencia irradiaba una mezcla de autoridad y serenidad. Leandro, su esposo, estaba a su lado, revisando unos documentos, mientras que Daniel, su abogado y amigo de confianza, se recostaba en un sillón cercano. A pesar de la hora, ninguno parecía apurado por regresar a casa.
Jazmín sacó su teléfono y, con una sonrisa suave, marcó el número de la niñera.
— ¿Cómo