Cuando abrió la puerta, la primera en verla fue su tía, quien prácticamente se arrastró hasta sus pies.
— Sobrina... Jazmín, sácanos de aquí — suplicó su tía con voz temblorosa —. Por favor, por las veces que te hemos cuidado. Si no fuera por nosotros, no serías la mujer que eres hoy en día.
Jazmín no dijo nada, pero enfocó su vista en su tío, quien la miraba fijamente sin decir una sola palabra. Su tía continuó suplicando, su voz desesperada llenando la habitación.
— Sobrina, por favor... nos