Por Florencia
Nos despedimos hasta el día siguiente.
Pasaron dos semanas y yo no podía dejar de lado mi angustia.
Me sentía morir cada mañana cuándo abría los ojos y mil veces pensé que prefería estar muerta.
No le encontraba sentido a mi existencia.
Hasta me sentía enferma.
Estaba somatizando mi dolor.
Tenía el estómago cerrado, pasaban los días y mi estado de ánimo no mejoraba.
Ya hacía más de un mes que Alejo había bautizado a mi pecho como carozos.
Lo peor es que yo sabía que él, posiblemen