Por Florencia
Terminé de cenar y me encerré en mi habitación, entonces sí, llamé a mi amiga.
Lloró conmigo a través de la línea telefónica.
-No quiero vivir más.
Le confesé.
Era lo qué estaba pensando desde que me bajé de la camioneta de Alejo.
-¡No pienses eso! ¡Te lo prohibo!
Mi llanto vuelve a surgir.
-No puedo más, soy la chica carozo.
-¡Es un imbécil!
-Puede ser, pero no tengo nada que ofrecerle a nadie.
-Gracias por lo que me toca, me ofrecés tu amistad, tu cariño, tu oído, tu corazón, so