49 Soledad.
Pasó un rato desde que Arturo lanzó a Jeremith por el acantilado, él ya había ido a la casa y limpiado el desastre que quedó de la pelea, él y el otro hombre pusieron cada cosa en su lugar y recogieron los cristales del florero con qué lo hirió.
Jeremith despertó en medio de la maleza, cada músculo de su cuerpo estaba temblando por la baja temperatura, respiraba bocanadas de aire, aunque le era dificultoso, estaba débil por el golpe, se percató del lugar donde se encontraba, en sus adentros no