La escuchó gemir contra su boca cuando la punta de su lengua repasó su paladar. Sus manos la agarraron por debajo de los brazos y tiraron a la beta en dirección a la tina. El agua con espuma salpicó a todos lados cuando el alfa la metió junto con él, recostándolo contra su cuerpo sin soltar sus labios.
Y al parecer Casandra tampoco le importaba que estuviera ahora mojada, por el contrario, se acomodó sobre su regazo y envolvió sus brazos alrededor del cuello del alfa, atrayéndolo más contra ell