Leilani lloró hasta dormirse, acarició su frente hasta que su ceño fruncido desapareció.
Lloro mucho al igual que tú.
Alai, me alegra escucharte.
Gracias, lamento haber actuado contra tú voluntad.
Al final lo único que querías era protegerme, te entiendo.
Ya no importa.
Los muertos no pueden regresar.
Déjala descansar.
Si.
Con la poca cordura que me queda me dirigí al cuarto, tomé una manta cubrí su pequeño cuerpo.
—Descansa Leilani, espero que el dolor no alcance tus sueños.
Aría.
Ummm.
Mamá y