Las dos nos estuvimos riendo hasta que ya empezamos a sentir como el pecho se nos iba a partir en dos, porque eso sí lo tenía Aroa, cuando de verdad se enfadaba, parecía un púgil lista para combatir.
—- Keira sabes que te quiero y que nos tenemos la una a la otra, por eso no te voy a permitir que te hundas por un capullo que no es capaz de valorarte —- me dijo
—- Eres maravillosa Aroa, yo tambien te quiero mucho y sabes que siempre he sido sincera contigo, ya que nunca podre engañarte de como