—¡No es mío! ¡Eso no es mío! ¡Yo no hice nada!
—¡Las manos a la cabeza! ¡Manos a la cabeza, ya, ya, ya!
Pavlov puso las manos temblorosas detrás de la cabeza mientras los policías lo sometían y lo esposaban, pero cuando lo sacaron directo a la patrulla, todavía se notaba aturdido y aterrado.
Sus