La expresión de aquellos ojos negros era confundida y nerviosa. Balbuceaba apalabras que Giulia no llegaba a entender pero se movía detrás de ella a tropezones.
—Yo… yo no…
—¡Shshsh! Silencio —le ordenó la muchacha como si se tratara de uno de sus soldados—. No digas ni una sola palabra. Quiero qu