Giulia dio dos pasos atrás, sobrecogida por la forma tan abrupta que se elevaba el fuego, y sobre todo la velocidad a la que recorría las bocas de grano.
—¡Maldición, ya es tarde para salir por ahí! —gruñó con impotencia pero Hasan puso una mano en su espalda y la sostuvo.
—Tranquila. Espera… espe