Wayland tenía el ceño fruncido y estaba entre incrédulo y pensativo. ¿En qué momento y quién había despedido a su asistente? No sabía, pero lo cierto era que Alan Parker sonaba determinado.
—¿Estás bromeando? —gruñó Harris—. ¿Quieres que pierda tiempo haciéndote el maldito examen...?
—Tú estás muy