Harris había mandado a preparar el quirófano por su propia autoridad y Mar lo estaba amenazando sin pelos en la lengua.
—¡Baja eso! —le gritaba Harris—. ¡No matas a nadie con una bacinica!
—No, pero apuesto a que no te dejan meterte en un quirófano lleno de pis encima —replicó Mar con tono gélido