FATALIDAD A TU SERVICIO. CAPÍTULO 31. ¡Júramelo!
El mundo se balanceaba de un lado a otro como un péndulo.
A un ladoooooo...
Al otrooooooo...
¡Ah, no, que ese era él!
Intentó abrir los ojos pero de verdad no podía.
Estaba oscuro a su alrededor y solo alcanzaba a escuchar algunas conversaciones aisladas que no lograba comprender porque su cerebro estaba embotado y cada cinco segundos se desmayaba o se dormía de nuevo, no estaba muy seguro de cuál.
—Yo te quiero, sabes que te quiero, pero ¿por qué tengo que ser tu cómplice en esto?
—Porque si é