CAPÍTULO 45. La pregunta más peligrosa que jamás haría
Mitch no podía contener su emoción mientras le mostraba la tarjeta a Alan, con sus palabras graciosas y sus frases raras que le salían como querían y los adultos interpretaban como podían. Llevaba semanas triste, pero eso se le había olvidado en el mismo momento en que lo había visto de nuevo.
—Mami, hace una fieta de dia de papi. ¿Pueo?
Mar lo miró con curiosidad.
—¿Quieres que preparemos algo especial para él? —le preguntó con una sonrisa—. Pero ya no sería sorpresa.
Mitch arrugó el ceño por