Esa mañana Rossi, sentada miraba a Santi su hijo, jugando con la arena. El niño ya caminaba, pronto cumpliría los tres años. Era blanco, los ojos grandes como su padre y su pelo negro azabache. El tiempo había pasado rápido. Estaba distraída cuando oyó la voz alterada de Mara, quien corría hacía ella . . .
Se dio la vuelta y vio que Mara se acercaba a ella corriendo entre las rocas que marcaban los límites de la entrada hacia el jardin y la playa Tenía el rostro sonrojado y se estaba trastocand