Había pasado ya un rato desde que llegaron al yate y el celular de Rossi no cesaba de sonar. Ella lo miro una vez más y Rene le preguntó . . .
–Tú padre o tú esposo
–No, mi madre. –Exclamo ella con algo de tristeza –Pero no deseo contestar, me duele que ella tenga esa actitud.
–Dale tiempo al tiempo, las tormentas pasan y vuelve la calma, cariño. Tomo la barbilla de ella con sus dedos y le acaricio la mejilla con el índice.
Rossi disimuló la corriente que sintió, sacudió la cabeza. No quería