Las puertas de la sala de juntas apenas se habían cerrado detrás del último miembro cuando Elena y Damian entraron en el pasillo ejecutivo en silencio. Las suspensiones habían sido emitidas. Theo y Victoria ya no estaban. El presidente les había dado una instrucción clara antes de irse: “Vuelvan mañana por la mañana a las nueve. Tomaremos la decisión oficial entonces”.
Elena y Damian se quedaron solos en el largo pasillo ejecutivo. El silencio se sentía más pesado que cualquier discusión a grit