Irene cenó bastante sopa, servida por el anciano, y no pudo negarse. A medianoche, despertó con ganas de ir al baño. Justo cuando se movió, sintió que algo no estaba bien, y al darse cuenta de lo que pasaba, casi no podía creerlo.
«¿Diego no es humano? ¿Acaso es una bestia? ¿Aún dormido, no la deja en paz?»
Apenas se movió, Diego ya se despertó, su voz cargada de sueño le preguntó:
—¿Qué pasa?
Luego, como si fuera un gesto instintivo, levantó la mano y le dio una palmadita a Irene, como si inten