La mente de Natalia se nubló con recuerdos que habían permanecido enterrados en lo más profundo de su ser.
Imaginaba a Isabella, con su sonrisa cruel y sus ojos llenos de odio, observando cómo las llamas consumían su hogar. La furia de su hermana había arrasado con todo, dejando cicatrices que aún no habían sanado por completo.
—¿Qué…? —murmuró, intentando procesar las palabras de Simón.
Él avanzó hacia ella, con su postura rígida y los puños apretados, siendo reflejo de su frustración.