Natalia frunció el ceño, mientras su dedo titubeaba sobre la pantalla. Finalmente, y soltando un suspiro, respondió.
—¿Qué quieres? —preguntó con tono frío.
La voz de Simón llegó del otro lado, tranquila pero cargada de intención.
—Natalia, ¿podemos hablar?
Ella apretó la mandíbula, sintiendo que la tensión de la noche aumentaba con esa simple pregunta.
—No sé si sea buena idea, Simón —espetó de mal talante, restregando sus ojos—. Ya tuve suficiente drama por hoy.
—Lo sé —respondió