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El juzgado tenía un aire pesado, como si las paredes mismas pudieran sentir el peso de los años de mentiras, traiciones y verdades que finalmente saldrían a la luz.

Natalia respiró profundamente mientras entraba del brazo de Keiden. Su vestido azul oscuro era sobrio y elegante, reflejando la seriedad de la ocasión, pero no pudo evitar mirar a su alrededor en busca de una cara familiar.

Simón no estaba por ningún lado.

Frunció el ceño, pero no dijo nada. Fue Keiden quien rompió el silencio con
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