La casa de Simón estaba en penumbra, con las cortinas cerradas y una botella de whisky sobre la mesa de cristal en el centro de la sala. Llevaba días con las palabras de Isabella taladrándole la cabeza, repitiéndose como un eco interminable.
Lo que le había confesado durante su último encuentro le provocaba una mezcla de incertidumbre y rabia, pero lo que más lo atormentaba era que no podía confirmarlo.
La única persona que tenía la respuesta, Natalia, le había dejado claro que no quería v