Aitor bajó del auto de su jefe y entró corriendo al hospital, agitado buscó con sus ojos a Piero, lo encontró sentado con la cabeza hacia atrás en una de las sillas de la sala de espera.
—¿Cómo está? ¿Qué ocurrió? —cuestionó.
Piero soltó un bufido, miró a Aitor, apretó los labios.
—No lo sé, tenía un dolor muy fuerte en el vientre, casi no podía mantenerse en pie, los médicos la están revisando.
Aitor deslizó sus dedos por su espeso cabello, gruñó y empezó a caminar por la sala como un l